Esos son sólo unos ejemplos de grupos de personas que quieren y que necesitan ser escuchados para poder solucionar sus problemas, para poder vivir su vida.
Se trata de escucharlas para que tengan una nueva vida, no de llorarlas tras su muerte.
Qué duro es no ser escuchado cuando para seguir adelante, para salir de la oscuridad, para ser uno más, para poder vivir en sociedad y con normalidad es necesario invertir dinero, aunque éste sea de todos.
La crisis les sumió en la oscuridad; los recortes les han dejado casi al margen de la sociedad.
Este estremecedor dato lo ha hecho público una investigación del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud.
Fuente: http://www.noticiasnet.mx/portal/oaxaca/opinion/local/328132-quien-puede-olvidar-al-pequeno-aylan
