Una riña entre bandas rivales de reclusos iniciada el pasado miércoles en el Centro Preventivo de Reinserción Social de Topo Chico, en Nuevo León, arrojó un saldo de 49 reos muertos –cinco de ellos, calcinados– y 12 heridos.
Según reportes del Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Rea_daptación Social, el referido centro de reclusión sufre una sobrepoblación de 21 por ciento, y en él se encuentran encarcelados integrantes de al menos tres organizaciones criminales.
Esa circunstancia se suma al déficit de custodios: Topo Chico cuenta con 250 guardias distribuidos en tres turnos, cuando debería tener al menos 380 para cumplir con el estándar internacional de un celador por cada 10 reos.
De acuerdo con los informes del gobierno estatal, el motín se produjo por el enfrentamiento entre dos grupos delictivos rivales, ligados ambos al cártel de Los Zetas, que se disputan el control del penal.
Dichas circunstancias, aunadas a la corrupción que prevalece en el penal –de acuerdo con denuncias de los internos y sus familias– se ha traducido en una pérdida de dominio gubernamental en ese reclusorio, convertido desde hace tiempo en un espacio de atropello, extorsión y lucro, a merced de bandas delictivas y funcionarios corruptos.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/12/opinion/002a1edi
