A velocidad fantástica las imágenes de los jefes de Estado y de gobierno mexicanos que recibieron al vicario de Cristo.
Cuando Francisco llegó a México el tiempo retrocedió hasta el instante en que descendió del avión Juan Pablo II.
Para los mexicanos, San Juan de Letrán era la prolongación de Niño Perdido, la avenida capitalina que más al norte se llamaría Aquiles Serdán.
El tiempo es un instrumento del hombre para evitar que sean simultáneos todos sus actos.
O para medir su paso al gusto del mito o método de los actores centrales en la constante lucha por el poder.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/14/opinion/020o1pol
