Francisco no pudo evitar que en su afán de sacar raja política de su visita, las instancias oficiales, grandes empresas y los medios electrónicos lo convirtieran en mercancía.
Contrasta con el departamento que utiliza en su retiro uno de los personajes más siniestros de la iglesia católica: el cardenal Bertone.
Una manera más digna de honrarlo hubiera sido invertir el dinero dedicado a publicidad y remozamientos, en paliar la pobreza de algunos miles.
Por eso se negó a habitar el palacete que ocuparon sus antecesores.
Vive en una residencia sin lujos, de menos de 70 metros.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/15/opinion/020a1pol
