Pura palabrería hueca , sostienen algunos, acaso sin reparar en el hecho de que toda dirigencia (religiosa, política, social) se ejerce primordialmente por medio del lenguaje y que la palabra del poder no siempre es ajena al poder de la palabra.
El pontífice no ha tenido palabras de condena inequívoca a los feminicidios ni a la indiferencia frente a ellos de las autoridades.
Hasta ayer, cuarto día de su visita a México, el papa Francisco no se había expresado en torno a los delitos sexuales perpetrados y encubiertos de manera contumaz por sacerdotes y dignatarios de la Iglesia católica mexicana.
Al parecer, sectores de la alta clerecía, adversos de antemano a los mensajes del jesuita argentino, han operado incluso para adelgazar la concurrencia popular a las vallas y actos masivos.
Para gobernantes, arzobispos y compañía, es fundamental que el pueblo se quede con la percepción de un pontífice tan insensible, arrogante y torcido como ellos, de un Papa palaciego rodeado por un primer círculo de corruptos, encubridores, oportunistas y magnates.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/16/opinion/024a1mun
