La develación de las históricas mentiras oficiales ha contado con el apoyo técnico y científico de dos instancias internacionales convocadas y aceptadas por el propio gobierno mexicano, el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) y el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).
Nunca antes en la historia de las masacres y actos delictivos graves con implicaciones políticas se había desarrollado una investigación como la realizada respecto de lo sucedido en Iguala y alrededores, ni sus términos y vericuetos habían sido ventilados con tal intensidad como ahora lo permiten las redes internéticas.
Ambos, en sus términos, han desechado rotundamente la probabilidad de que hubiese sucedido la incineración de cuerpos en el basurero de Cocula, fabulación ígnea con la cual el entonces procurador Jesús Murillo Karam coronó lo que pretendió ser una coartada final que centrara todo en meros ámbitos municipales y en bandos criminales locales.
Pero todo ello, en lugar de ayudar al esclarecimiento y la justicia, ha permitido ver la mendaz evolución (en términos de narrativa, pero también de niveles de gobierno) del estilo conocido con la niña Paulette y su colchón increíblemente encubridor y las piras funerarias de un hoyanco basurero al aire libre en Cocula.
El punto clave del caso de los 43 radica en el descarnado, descarado y demostrado esfuerzo realizado por los jefes políticos y armados de este país para impedir que se conozcan el desenlace real de los hechos, el grado de involucramiento (por acción y por omisión) de representantes del gobierno federal en el sitio (Ejército, Marina, federales y representantes de Gobernación, PGR y Cisen) y las alturas a las que ha llegado en México el entendimiento por conveniencia entre políticos, gobernantes y capos explícitos.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2016/02/17/opinion-necesario-solidaridad-de-francisco-en-caso-de-los-43-julio-hernandez-9845.html
