Después del retrato que hizo el Papa de los obispos mexicanos parece imposible que mantengan la posición que ocupan ahora.
Ahora todos los mexicanos sabemos con quiénes tenemos que lidiar si de asuntos religiosos se trata.
Bien ha dicho Bernardo Barranco en estas páginas que la visita del Papa a México tendrá consecuencias patentes y relativamente inmediatas, con toda certeza sobre el Episcopado nacional.
El papa Francisco no sólo reconvino a los obispos, también los exhibió ante la opinión pública, los señaló con dedo flamígero, aunque después los haya perdonado.
También ha quedado claro que los obispos no son de fiar, por lo menos porque son indiscretos.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/25/opinion/021a1pol
