De los muchos flagelos que padece esta ciudad, uno de los más graves es el de los guaruras que dependen de las nóminas de funcionarios y hombres con miedo que los contratan para resguardar su seguridad.
Como se ve, de nada o de poco sirve la policía que jefatura Hiram Almeida Estrada.
No pagan parquímetros ni respetan los altos ni a los peatones.
Su mejor maniobra –después de atemorizar a la gente– es treparse a las banquetas y obstruir el paso de vehículos o peatones, siempre escudados en el poder de sus patrones.
A esos tipos, pero principalmente a sus patrones, habría que hacerles entender que su poder no puede ni debe estar por encima de la ley, pero la tarea resulta difícil cuando poco a poco las calles de la ciudad se han convertido en un caos.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/01/opinion/030o1cap
