Como que ya se da por hecho que lo que menos importa es el voto; es decir, su valor real.
Eso parece que a nadie le importa.
Y así, unos y otros buscan mañas para ganar votos, pero nadie se preocupa, como debería ser, por lograr que la elección sea creíble, por que el voto sea limpio, y porque la elección se considere legítima.
¿Será que se han perdido esas buenas costumbres?
La guerra empezó ya.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/03/opinion/034o1cap
