La inmensa mayoría de los rusos y habitantes de Europa oriental, que sufrieron la experiencia burocrática de capitalismo de Estado, bautizada socialismo por quienes medraban a costa de los que decían representar, ha sido vacunada contra el concepto mismo de socialismo.
Ese socialismo se basaría en la abundancia y la difusión de la cultura, que permitirán que cada uno, libre de trabas y ataduras, pueda ser sujeto y decidir sobre el destino común.
El daño social causado por el pensamiento antimarxista del estalinismo y su socialismo real o realizado sigue siendo enorme, pues infecta incluso a experiencias que, como la revolución cubana o el chavismo venezolano, nacieron libertarias y después se burocratizaron.
Por consiguiente, cuando de la superación del capitalismo depende el futuro de la civilización e incluso la supervivencia de nuestra especie en un planeta depredado y semidestruido, es necesario volver a tratar de aclarar qué es el socialismo y qué no es.
Por supuesto, ese socialismo no es posible en un solo país (y menos aún en pequeños países atrasados), sino que requiere la superación económica, cultural y tecnológica y la eliminación del capitalismo en una serie de países decisivos a escala mundial.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/20/opinion/015a1pol
