El aparato político se había convertido en una réplica del porfirismo atemperado por el principio de no relección del presidente.
El viejo partido volvió a Los Pinos para intentar la restauración del régimen con el apoyo de PAN y PRD.
Aunque había crecido un estrato de clase media, las diferencias en el ingreso y la riqueza eran alarmantes.
Hubo quien advirtió que de no rectificar, confiaríamos nuestra suerte a la integración de Estados Unidos.
No era un modelo para hacer prosperar a México, sino para asegurarle a él una hegemonía en los siguientes 25 años.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/27/opinion/008o2pol
