Para no entristecer a mi sobrino Eduardo pretendíamos ignorar la ausencia de Consuelo, aunque su sitio en la mesa permaneciera vacío.
Lourdes, Minerva y yo habíamos pensado en decírselo, pero después, cuando tuviéramos una aclaración adecuada.
La noche de la desgracia, Esther vino por él y lo tuvo en su casa del puerto dos semanas, mientras hacíamos gestiones y lográbamos sobreponernos a la pérdida.
Lo más parecido a eso fue la respuesta de Minerva: Aunque no la veas, tu mami está muy cerca de ti, cuidándote.
Así nos lo planteó Esther, como si no supiera, lo mismo que nosotras, que ciertas cosas nunca terminan de pasar.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/04/03/opinion/032o1soc
