Negociemos: tú no aceptas nuestra ‘verdad histórica’ y nosotros no reconoceremos nunca que mentimos en forma deliberada, así que convengamos un descuento de 50 por ciento y dejémoslo en incertidumbre histórica”.
La construcción de la incertidumbre como lápida final para un crimen incómodo es un conocido recurso de autoexculpación del poder político.
Una vez destruida toda verosimilitud de la verdad histórica y puesta en evidencia la determinación del gobierno federal de urdir una mentira histórica para encubrir algo aún más truculento y sórdido que esa fábula, la Procuraduría General de la República (PGR) se concentra ahora en fabricar una incertidumbre definitiva sobre el destino de los 43 muchachos normalistas que fueron desaparecidos en Iguala el 26 de septiembre de 2014 por fuerzas del Estado.
Pero si eso no es posible, más vale pasar por ineptos que por criminales.
Aunque, en realidad, no hay negociación alguna, sino un puñetazo sobre la mesa.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/04/05/opinion/029a1mun
