Contrástese ese discurso, sin embargo, con su foto estrechando la mano de la canciller de Venezuela, solo momentos después, tras una reunión privada.
Allí caracteriza a Estados Unidos como una superpotencia “ambivalente” desde la Guerra Fría, adjetivo con el que además se ha referido con frecuencia al gobierno de Obama en particular.
La ambivalencia que tanto preocupa a Kissinger aparece con toda claridad en el caso de Venezuela.
Abandonar la ambivalencia en el caso de Venezuela es clave no solo en términos de una política exterior idealista, aquella basada en valores y principios.
Desde luego que a Kissinger le preocupa la “gran” política exterior—Europa, China, y Medio Oriente—pero la ambivalencia también tiene relevancia en relación a América Latina.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/07/09/estados_unidos/1468098171_219348.html
