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A ellas hay que agregar las intenciones del capital de controlar la vida de los pueblos para explotar sus recursos naturales, los únicos que le quedan al país, porque los otros ya se los expropiaron hace años.
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Cuando nos cuestionamos si existe un pensamiento indígena contemporáneo no podemos ignorar que nuestro país atraviesa por una crisis mundial a la cual bastantes científicos han calificado como crisis civilizatoria, que se manifiesta de múltiples formas: predominio del capital sobre la soberanía de los Estados, calentamiento de la Tierra como nunca antes, devastación de la naturaleza para sacrificarla en el altar del mercado, grandes migraciones humanas que ya constituyen una de las más profundas tragedias de la historia, desigualdad social.
Las evidencias son alarmantes, las empresas mineras controlan cerca de una tercera parte del territorio mexicano, y de este un 20 por ciento corresponde a los territorios indígenas; a ellas se suman los parques generadores de energía eólica; los proyectos para la extracción de hidrocarburos; los de comercialización del agua —el alimento indispensable para la vida—, y las industrias interesadas en apropiarse de la biodiversidad.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2016/09/10/ojarasca-el-pensamiento-indigena-contemporaneo
