El juez Moro no es un santo ni un demonio.
He dicho infierno porque fue Eduardo Cardozo, cuando era ministro de Justicia, quién confesó que preferiría pena de muerte a acabar preso en una cárcel brasileña.
Sin duda, Moro ha desequilibrado la balanza de la justicia en un país donde en el infierno de la cárcel acababan sólo los parias de la sociedad.
Brasil vive un momento de arenas movedizas, en los que la democracia o se fortalece o se quiebra aún más.
¿Recuerdan las grandes manifestaciones populares en las que los carteles a favor de Moro relucían en las manos de la gente que decía “Yo soy Moro”?
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/10/17/actualidad/1476713645_111935.html
