En menor escala, como segunda religión con más creyentes en Rusia, el islam intenta lo mismo en las regiones musulmanas.
Con el visto bueno del Kremlin, la religión ortodoxa –que profesa la mayoría de la población rusa– pretende llenar el vacío que dejó el marxismo-leninismo, enterrado como ideología oficial del Estado con la disolución de la Unión Soviética, hace un cuarto de siglo.
La enmienda surgió a raíz de que las integrantes del grupo Pussy Riot interpretaron en el principal templo de Moscú una oración punk contra el presidente Vladimir Putin y el patriarca Kirill, lo que les valió una condena a dos años de prisión por vandalismo.
Convertida Rusia en país capitalista, con injusticias y desigualdades similares a las que padecemos en México, el Patriarcado de la Iglesia Ortodoxa Rusa, en tanto instancia rectora aquí de esta rama del cristianismo, se puso al servicio de los poderosos, tanto en el ámbito político como económico, y absuelve gustoso sus pecados a cambio de amplios privilegios y generosas dádivas.
De unos años para acá, los jerarcas ortodoxos ejercen una creciente influencia en la sociedad y, lejos de mostrar clemencia hacia quienes no comparten su fervor, cabildearon una enmienda en el Código Penal que tipifica el delito de ofender los sentimientos religiosos, adicional al artículo 282 que persigue incitar el odio racial, nacional y religioso.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/19/opinion/022o1mun
