El vagón se zarandeó, yo me golpeé la espalda contra una puerta y el tren se detuvo.
Volvió al metro y subió al primer convoy que pasó, el mismo que luego sería atacado por un terrorista suicida.
Otras embajadas en Bruselas ofrecen su apoyo y el personal del consulado se embarca en una actividad frenética.
Una empleada, ilesa en el ataque al aeropuerto desde el que iba a volar a España, regresa a la oficina.
El miércoles, el cónsul general, ya de vuelta a Bruselas, visita a los nueve hospitalizados.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/03/26/actualidad/1459022206_284362.html
