La Ciudad de México necesita muchas cosas; también una constitución.
No hay razón válida legal o ética para mantener a los capitalinos o chilangos en una especie de capitis diminutio política, con representantes sin plenos poderes para gobernar la entidad.
Pero sí, la capital requiere de su carta magna local, es pertinente discutirla y aprobarla y más importante será lograr que los ciudadanos se interesen y participen en la discusión previa y en la elección de los constituyentes.
En aquel tiempo las partes integrantes de la Federación eran los estados, con soberanía para su régimen interior, los territorios con posibilidades futuras para convertirse en estados, lo cual a la fecha ya sucedió y el DF gobernado por una dependencia del Ejecutivo, con categoría por debajo de los secretarios de estado.
La exigencia de un gobierno propio, en cuya elección participemos todos los capitalinos no es nueva, viene de atrás; desde que por un capricho, el sonorense Álvaro Obregón, quien veía con desprecio a los habitantes de la ciudad, en 1928 promovió una modificación constitucional para suprimir los municipios y crear el órgano burocrático denominado Departamento del Distrito Federal y sus dependencias las delegaciones como simples apéndices menores de la administración federal.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/12/opinion/028a1cap
