No es tarea sencilla establecer la fecha precisa en que el clima social empezó a descomponerse de manera alarmante en Veracruz.
Es difícil, sin embargo, resistir la tentación de ubicar el infortunado suceso el primer día de diciembre de 2010, cuando el priísta Javier Duarte de Ochoa rindió protesta ante el Congreso de esa entidad como gobernador constitucional.
No tiene ante sí un panorama alentador el recientemente electo Miguel Ángel Yunes, quien dentro de unos días tendrá que asumir la gubernatura en un estado sumido en alarmante deterioro.
Es cierto que por las épocas en que ascendió al poder, la ciudadanía se sentía justamente agraviada por distintos episodios de corrupción política que –apuntaban veracruzanos de distinto signo partidario– erosionaban peligrosamente el tejido social.
Sin embargo, durante su gestión la secuencia –y la suma– de hechos que tuvieron lugar a partir del momento en que el ahora prófugo ex mandatario se hizo cargo de la gubernatura, alcanzó la magnitud que hoy tiene.
Fuente original: Crisis de gran calado en Veracruz – La Jornada
