Imagine la escena: un interno en una cárcel del país que comparte el dormitorio con 25 personas en un espacio diseñado para seis, y dado el número de los que ahí habitan debe dormir amarrado y colgado de los barrotes de la reja.
Esta penosa realidad revela la grave crisis de derechos humanos que se vive en el país, que es todavía más visible en los centros penitenciarios.
En este sentido, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha sostenido que esta condición constituye una violación a la integridad personal, síquica y moral de las personas.
Es cierto que las cárceles están sobrepobladas, pero dicha situación no puede ser motivo para vulnerar los derechos humanos de quienes se encuentran privados de la libertad.
Esta historia –ojalá lo fuera– fue motivo de reclamo en una demanda de amparo, donde el protagonista se quejaba de tortura sicológica derivada de dicha situación.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/04/13/opinion/016a1pol
