Como los muros de Diego Rivera, Dos veces única es un mural con colores intensos y muchísimos personajes.
Dos veces única nos recupera a un inteligentísimo Jorge Cuesta afrancesado que, como ocurre a muchos porfiristas al viajar a París, se siente fuera de lugar.
Dos veces única forma parte de ese gran mural que Poniatowska ha ido armando con devoción minuciosa sobre el país al que llegó a vivir en 1942.
Dos veces única es una novela emocionante, como emocionantes han sido Tinísima y Leonora por esa recuperación del México vibrante cuyas ondas expansivas aún nos alcanzan.
Dicho así parecería que Vasconcelos y Diego Rivera sólo se miraran el ombligo en materia de arte y cultura, pero no fue así.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/10/14/opinion/a06a1cul
