Uno de los factores principales que determinaron este resultado catastrófico fue la campaña publicitaria de intoxicación de la opinión pública por las derechas oligárquicas que tienen como objetivo demencial la aniquilación total de las FARC o, cuando menos, la rendición incondicional de sus combatientes sin más destino que la prisión.
En contraste, el gobierno del presidente Santos ha quedado, con el inesperado resultado del plebiscito, en una posición debilitada, en tanto la agrupación guerrillera se ve colocada en una situación indefinida y de grave peligro para sus integrantes, los cuales ya habían empezado a concentrarse para preparar su desmovilización y la entrega de armas.
Así fuera por un margen estrecho y con una participación ciudadana más que escasa –sólo acudieron a las urnas 37 por ciento de los colombianos habilitados para hacerlo–, la negativa al proceso pacificador más arduo, consistente, ambicioso y trascendente de cuantos han tenido lugar para resolver el medio siglo de guerra en el país sudamericano deja la impresión de que la mayoría de los colombianos está en favor de proseguir el conflicto armado y, por ende, de seguir pagando el altísimo costo en vidas humanas, destrucción material, desplazados, zozobra y estancamiento económico en diversas regiones de su territorio.
El rechazo a los acuerdos de paz parece constituir, además, una bofetada a los empeños de gobiernos, organismos internacionales y personalidades de la escena internacional que respaldaron en forma activa y entusiasta las tratativas entre el Palacio de Nariño y la organización guerrillera más antigua de América, así como una señal de respaldo a los sectores e intereses guerreristas y militaristas del país sudamericano, empezando por el ex presidente Álvaro Uribe y su partido, el Centro Democrático (derecha), organismos oligárquicos y cupulares como la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegan), los sectores más recalcitrantes de las fuerzas armadas y la miríada de empresas que han medrado desde hace décadas con el negocio de la seguridad y la venta de armas.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2016/10/03/editorial-colombia-si-a-la-guerra
