Mucha gente parece creer que la globalización de la economía ha sustituido al imperialismo y no que se trata de una nueva cara de éste.
Se ha puesto de moda dejar de hablar del imperialismo, como si fuera una categoría del pasado.
Para esto se usaba el expediente de influir en gobiernos de otros países mediante movimientos desestabilizadores, golpes de Estado e incluso intervenciones militares abiertas o disfrazadas.
El viejo imperialismo –es decir, en su cara de los años 50 y 60 del siglo pasado– se caracterizaba porque las grandes empresas utilizaban el poder de los estados de origen para defender o ampliar sus intereses en los países de destino de sus inversiones.
En la actualidad, después de que se inauguraron las transiciones democráticas posdictaduras en América Latina, los golpes de Estado y las invasiones parecen ser medidas demasiado extremas para ser aceptadas en el mundo que vivimos.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/10/opinion/020a2pol
