Hace años entrevisté a la gran cuentista Amparo Dávila y tuve el gusto de recibir una invitación a su boda con el pintor Pedro Coronel.
Para Cristina, Amparo Dávila era una búsqueda también de sí misma, porque ningún escritor mexicano había explorado los mundos insólitos y hasta peligrosos en los que entró Amparo Dávila en sus cuentos que son distintos al resto de la literatura mexicana.
Cuando la conocí, Amparo Dávila se peinaba como Verónica Lake, una larga onda de pelo le cubría el ojo derecho.
Desde 2008, a la cuentista Amparo Dávila la alumbran las candilejas y recibió el bien merecido Premio de Bellas Artes que le fue entregado por María Cristina García Zepeda.
Creo que tuvieron dos hijas, porque después perdí a Amparo de vista pero no de afecto ni de interés por su creatividad.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/20/opinion/a04a1cul
