A lo largo de los últimos años, Ortega, esclavo de su ambición, ha pervertido el sistema hasta la caricatura.
La compañera Murillo ha sembrado Managua de mistéricos árboles de la vida y los discursos oficiales funden a Dios, la felicidad y el socialismo.
Ortega, desde que en 2006 volvió a la presidencia tras 16 años de oposición, ha sabido jugar sus cartas con maestría.
La vieja guardia sandinista, con el poderoso Humberto Ortega a la cabeza, no acepta la entronización de la compañera Murillo ni la creación de una línea dinástica.
El comandante Daniel Ortega ha vuelto a triunfar.
Fuente original: Elecciones: El gran día de Ortega I de Nicaragua | Internacional | EL PAÍS
