A finales de enero, Anatole Kaletsky recordó que toda recesión global, desde 1970, ha sido precedida por un aumento –no una caída– de los precios del petróleo.
Puestas en la balanza, al menos hasta ahora, las consecuencias recesivas del colapso petrolero superan a las que favorecen la expansión.
Ante la acumulación de malas noticias y peores augurios, pero también en respuesta a fenómenos de más larga data, fue cada vez más frecuente el señalamiento –recogido en diversos medios informativos y análisis académicos– de que la economía mundial se encontraba, de nuevo, a las puertas de una recesión generalizada.
La lista de damnificados es mucho más larga de la que podía esperarse hace año y medio, cuando se inició el desplome.
El disparador bien podría hallarse en la deteriorada situación financiera de algunas de las economías emergentes de gran tamaño y posible importancia sistémica.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/11/opinion/021a2pol
