A pesar de ello, mantenía el júbilo de ver pasar, en menos de un segundo, a sus ídolos a la distancia.
Pero desde hace un año, con el regreso del Gran Premio, se ha convertido en un fortín que dura solo un par de semanas.
Su jornada laboral por el Gran Premio de México empezaba a las seis de la mañana y terminaba hasta las ocho de la noche.
Él encontró uno de los pocos puntos que deja ver el espectáculo del Mundial de la Fórmula 1.
Dentro del autódromo, los precios de una cerveza sencilla llegan hasta los 160 pesos, unos 8 dólares.
Fuente original: F1: El arte de cazar coches de la Fórmula 1 | Deportes | EL PAÍS
