Al cabo de seis agitados e intensos días, el papa Francisco puso fin a su visita a México y partió de regreso a Roma.
Finalmente, en Ciudad Juárez habló a favor de los migrantes y dio un mensaje de esperanza a los presos.
La presencia en el país del máximo jerarca del catolicismo mundial estuvo precedida por expectativas de signo distinto y hasta contrapuesto.
En Ecatepec emitió un mensaje de esperanza a los desposeídos y reiteró sus críticas genéricas al desempeño de la clase política y el empresariado.
En consecuencia, sus actividades, sus alocuciones y sus silencios en distintos puntos del territorio nacional generaron reacciones encontradas.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/18/opinion/002a1edi