Felizmente con sensatez, el papa Francisco declinó comparecer ante el Poder Legislativo, petición de un nutrido grupo de diputados y senadores.
Todo ha sido en vano: la fiebre religiosa de los políticos es ya una epidemia altamente contagiosa.
Estamos hablando de una población que abarca varios países centroamericanos juntos, al doble de las poblaciones de Paraguay y Uruguay juntos.
Velasco, el gobernador de Chiapas, se inclina y le besa el anillo; la acción es calificada de imprudente, sobre todo cuando preside la entidad con mayor diversidad religiosa en el país.
Más que criticar un desliz o una debilidad conceptual, el tema ameritaría una reflexión mayor.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/17/opinion/007a1pol
