Sin embargo, los reportes del Sistema de Monitoreo Atmosférico no indicaron mejoría alguna en las condiciones atmosféricas, y quedó abierta la posibilidad de que a partir de hoy se aplique la fase uno de contingencia ambiental.
La aplicación de la nueva modalidad del programa Hoy no circula entró ayer en vigor en la Ciudad de México y en las áreas mexiquenses conurbadas, y parecía que ello ocurriría con pocas sorpresas: sistemas de transporte sobresaturados, irritación de automovilistas, paulatina agilización del tránsito a lo largo del día y algunos incautos sancionados por sacar sus vehículos cuando no debían hacerlo.
Pero incluso si el programa referido hubiera tenido un impacto rápido y hasta espectacular, es claro que se trata de una medida por demás insuficiente ante la magnitud de la crisis ambiental que enfrenta el valle de México.
El defecto más claro del Hoy no circula es su anacronismo: fue implantado por primera vez hace más de un cuarto de siglo sobre una flota vehicular mucho más reducida y mostró sus límites cuando tuvo, como efecto inesperado, un incremento del parque vehicular que compensó la reducción original de automotores –20 por ciento–, con el agravante de que muchas familias adquirieron autos viejos y en mal estado para poder usar ese medio de transporte toda la semana.
De ahí se desprende la necesidad de abordar la crisis ambiental no sólo mediante la restricción del número de vehículos en circulación, sino sobre todo por medio de decisiones radicales que exceden con mucho los ámbitos del viejo Distrito Federal y del estado de México, sus delegaciones y municipios, y que atañen más bien al ámbito federal.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/04/06/opinion/002a1edi
