El colapso de la institucionalidad democrática en México es tan completo que ya nadie espera acción alguna de las autoridades gubernamentales en favor de la justicia o la honestidad.
La principal función de las instituciones públicas en el México contemporáneo no es la rendición de cuentas, sino el control social.
Los cientos de presos políticos todavía encerrados, incluyendo a Gonzalo Molina y José Manuel Mireles, todos los días reclaman justicia.
Ningún fraude es demasiado grande, ningún cinismo demasiado descarado, y ninguna agresión demasiado violenta para llamar la atención de la autoridad y obligar a las instituciones del Estado a tomar acción para defender los intereses públicos.
Los organismos del Estado solamente se activan cuando se trata de reprimir, censurar o emitir castigos ejemplares contra quienes se atreven a resistir los embates del poder.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/04/11/opinion/017a2pol
