Trece años después, Irak se encamina hacia un modelo de Estado fallido, acosado por el terror del Estado Islámico y fragmentado entre sus tres principales principales comunidades: chiíes (60%), suníes (20%) y kurdos (20%).
Las infraestructuras, mientras tanto, siguen arruinadas tras la guerra, y el agua potable y la electricidad no llegan a muchos ciudadanos o fluyen con continuas interrupciones.
El ministro del Interior, Mohamed Ghabban, ha presentado su dimisión tras uno de los mayores atentados registrados en un país que parecía habituado al terror.
Desde entonces el terror del Estado Islámico ha golpeado a varios países en un Ramadán sangriento.
Sus soldados comienzan a recuperar lentamente ciudades como Faluya, que perdieron en apenas días ante el ISIS.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/07/06/actualidad/1467829146_290409.html
