Ciudad encantada a la que con cinturón azul ciñe su horizonte al estrechar la mar y ser tránsito permanente.
Plaza que recuerda el espíritu arabizante que utilizaba el ladrillo y el azulejo y cúpulas de influencia oriental.
Como remembranza quedo la plaza de toros Almudejar, situada en el chaflán sur de la confluencia de la avenida Carlos I y la Gran Vía.
El siglo gallardo de los catalanes que acabaron en el exilio e hicieron ondear su bandera sobre los más apartados rincones del mundo.
Espíritu que el tiempo y la fantasía fueron envolviendo en hechizados ropajes de consejos, encanto y tradición.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/10/16/opinion/a06a1cul
