¿A qué horas decidieron que los diestros llenaplazas dejaron de nacer en nuestro país para ahora ser traídos del extranjero?
Como siempre, la culpa no es del conquistador, sino de la escasa valoración de los conquistados.
Hay seres que aunque fallezcan nunca se van.
¿En qué momento olvidaron estos empresarios sudamericanizados que a lo largo del siglo XX México fue productor y exportador de toreros buenos y muy buenos, capaces de interesar en otros países y de superar a sus figuras?
Lo peor es que junto con esta dependencia taurina ha venido el sometimiento de empresas, gremios y autoridades, por no hablar de la confusión de haber reducido el arte de la lidia a cabriolas ante utreros despuntados.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/04/10/opinion/a07o1esp
