Cabe recordar que las autoridades mexiquenses habían decidido impedir el acceso de unas 8 mil toneladas de basura con el argumento de que de esa manera se evitaría la contaminación ambiental.
Tal situación orilló a las autoridades de la CDMX a enviar 2 mil toneladas de basura a rellenos sanitarios de Morelos, lo que colocó a la capital ante el riesgo de una crisis sanitaria de gran escala que coincidió con los días más álgidos de contaminación ambiental.
Ayer, luego de que se anunció la suspensión de la fase 1 de contingencia ambiental en la Ciudad de México –decretada en días recientes por los elevados niveles de contaminación del aire–, el gobierno del estado de México informó que reabrirá en forma temporal sus depósitos a la recepción de residuos sólidos capitalinos.
A esa situación, de por sí criticable, se sumó un bochornoso intercambio declarativo entre los ejecutivos mexiquense y capitalino: mientras Eruviel Ávila culpó a los desechos generados en la ciudad de México por la contaminación en su entidad, Miguel Ángel Mancera minimizó en forma poco responsable la restricción para que los camiones de basura accedan a los depósitos mexiquenses.
Por su parte, la administración encabezada por Mancera Espinosa ha puesto de manifiesto una inocultable falta de previsión, planeación y organización ante los diversos diagnósticos que desde hace años se han presentado sobre la obsolescencia y saturación de los tiraderos de la ciudad y la necesidad de que su gobierno –junto con el del estado de México y el federal– explore alternativas viables para el depósito de residuos.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/18/opinion/002a1edi
