Por el contrario, esta victoria ha avivado los intentos de imponer la agenda católica al Gobierno.
Por las calles de la capital, una multitud se manifiesta no sólo contra el matrimonio homosexual, sino contra la laicidad del Estado.
Decenas de miles, bajo la bandera de la defensa de «la familia», marchan hacia el Ángel de la Independencia.
Forman el un bloque monolítico, guiado por una certidumbre: impedir a los homosexuales el matrimonio y la adopción.
La decisión, un síntoma del desmoronamiento del poder presidencial, no ha logrado contener la ofensiva católica.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/09/24/mexico/1474730874_758416.html
