La eficaz diplomacia cubana, diestramente conducida por el presidente Raúl Castro, encontró en la Casa Blanca un Obama receptivo, audaz, y en busca de asegurar su legado.
Mientras más pienso en la visita a Cuba de Obama, más me convenzo de la enorme victoria que ella ha significado para el pueblo cubano.
Ello levantó la unánime exigencia latino-caribeña a Obama por el levantamiento del bloqueo y la rectificación de la política hacia Cuba, que obligaron a que La Habana fuera invitada a la Cumbre de las Américas de Panamá.
Según él lo que no ha funcionado debe cambiarse aunque nuestros objetivos siguen siendo los mismos .
Donde generaciones hemos formado nuestra vara de medir bajo el liderazgo insuperable de Fidel, ahora, pese a su desapego a los reflectores, hemos podido apreciar a plena luz pública la talla de estadista de Raúl en varios momentos, entre ellos la Cumbre de la Celac en La Habana, la Cumbre de las Américas de Panamá, la 70 Asamblea General de la ONU, y con una ejecutoria diríase que perfecta, durante la recién culminada visita de Obama.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/24/opinion/024a1mun
