Pero la mayor paradoja de esta historia es que Suiza puede considerarse como un paraíso de la fotografía.
A esta mercancía artística se le aplicaron impuestos que no existen para la pintura, la escultura, el dibujo o instalaciones.
La cuestión, que publicó el diario Le Temps, es chocante, dado que en Suiza las obras de arte no pagan tasa de importación.
Los aduaneros no aceptaron como válida la declaración como obra de arte de unas imágenes de gran formato tomadas por Mishka Henner (Bruselas, 1976).
Esta exención no incluye fotos de prensa, de moda ni publicitarias.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/09/03/actualidad/1472925089_393613.html
