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Poco a poco te vas dando cuenta que tus vecinos no estaban preparados (o interesados) para tu pedida de calaverita.
Lo peor que te puede pasar es disfrazarte del mismo monstruo que aquel malandro, porque cuando estrella huevos a la puerta de algún vecino, te confunden con ella/él.
Los buenos espantadores son pacientes y cuando todos están muy distraídos contando o comiendo dulces aprovechan el momento para atacar.
Es aquel que no solo te niega los dulces, encima te alecciona sobre el valor cultural del Día de Muertos.
Fuente original: Las grandes alegrías y decepciones que todos vivimos cuando pedíamos calaverita | Verne México EL PAÍS
