A pesar de que ya ha pasado un semana, una familia de pescadores sigue en esta loma por temor a un tsunami.
Mery es más cauta que su esposo y cree que todavía no es hora de volver al mar.
En Crucita solo algunos pescadores están saliendo durante el día, se adentran unas pocas millas para conseguir el sustento diario.
Los pescadores llegan hasta allí y pelean con otros que se acercan para arrebatar los víveres.
Casi 4.000 de los pescadores asentados en Manabí son artesanales y son los más golpeados.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/04/24/actualidad/1461530141_795503.html
