Con todo y eso quería venir a trabajar.
El autobús iba atestado, no había posibilidad de movimiento alguno; sin embargo, la mujer junto al conductor se esforzaba por desplazarse unos centímetros para no perderme de vista.
Iba a preguntarle qué quería decirme con eso, pero el hombre detrás de mí me precisó a bajar.
Al acercarme a la puerta, la impertinente se dirigió a mí: Los mismos ojos, la barbilla, ¡es increíble!
Lo hice de un salto y corrí hacia la base de las micros como si tuviera los minutos contados.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/06/opinion/032o1soc
