Eso me lleva a una conclusión: quien haya comprado la libreta lo hizo con el único propósito de guardar –¿esconder?– las imágenes.
IIDeduzco que la primera foto que veo fue tomada la mañana de un domingo porque al fondo se ven niños sin uniforme, jugando.
Indefensas, han resistido el paso de no sé cuántos años y siguen ancladas en su tiempo.
Vuelvo a observarla y tengo la impresión –¡no sé por qué!– de que ella lo sabe todo de mí.
Al fondo hay telones con nubes que no pasan y flores pintadas al pastel con los pétalos coronando su inmortalidad.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/13/opinion/032o1soc
