Bajo el sol tibio, el mar deslumbraba y al fundirse con el horizonte adquiría un tono azul-verdoso.
En vez de contestarme, el mesero preguntó si era la primera ocasión que visitábamos esa playa.
–Mayra giró hacia el restorán: un galerón penumbroso decorado con estrellas de mar y redes.
Del restaurante a nuestras espaldas salió la música de un radio: primera señal de que alguien más estaba allí.
El desconocido, al pasar frente a nosotras, nos dio la explicación que juzgó necesaria: Así le decimos a un compañero.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/20/opinion/032o1soc
