Pedro MATÍAS
Durante el Foro para la pacificación y reconciliación nacional que se realizó en Oaxaca, el purpurado dijo que “en la espiral irracional de violencia que viene sufriendo nuestro país son innumerables las victimas que ha cobrado. Cuántas víctimas humanas perdidas, cuántas víctimas inocentes, eliminadas o desaparecidas, cuántas familias destrozas. La perdida de una vida a causa de la violencia siempre dejará una herida que si llega a sanar deja una profunda cicatriz por eso se hace urgente e indispensable hacer justicia”.
Hizo hincapié que cuando se niega la justicia se llega a un paso mayor de degradación que es la venganza, la ley del talión: ojo por ojo, diente por diente. Ahora bien, el perdón no elimina la justicia. Jesús mismo, rico en misericordia, que habla del perdón a los enemigos, de no devolver mal por mal. Incluso amar a los contrarios, no omite el juicio al final de los tiempos; nadie resultará impune ante Dios que lo ve todo y lo conoce todo, los que han hecho el bien serán llamado a la vida eterna, pero no usa eufemismos para los que hicieron el llamándolos malditos y condenándolos al fuego eterno.
Sin embargo, aclaró que “antes de la justicia divina debe ejercerse con todo rigor la justicia humana, la aplicación expedita de la ley, el sometimiento a la misma ya que nadie puede estar por encima de ella, corromperla o comprarla”.
Hizo hincapié que “nuestro país es un país profundamente injusto, nuestra gente tiene hambre y sed de justicia; sabemos que la impunidad superar el 95% de los casos que son consignados a la autoridad judicial, una autoridad que no ha sabido ejercer la justicia, que ha sido negligente o peor todavía, que se ha dejado corromper”.
Mencionó que la “mayor pobreza de nuestro país no es la económica sino la moral, nos hemos hecho indolentes ante tanto sufrimiento y muerte, ya no nos impresiona la muerte de tantos hermanos nuestros, no nos inmuta la diabólica violencia con la que son asesinados, contamos números pero no personas, al punto que la muerte solo nos duele cuando toca a nuestros seres queridos, pero olvidamos que somos una comunidad, un país, que somos humanos y somos hermanos”.
El arzobispo dijo que “los criminales no cesaran en su actividad si no temen a la consecuencia de sus actos, si se burlan de la justicia, la compran y la eluden. Al crimen organizado, a la violencia en general, no se le combatirá de forma eficaz usando solo la fuerza pública, una estrategia aún más importante y efectiva es el ejercicio de la justicia, es la aplicación de la ley, es tan simple como hacer real que el que la hace la paga, no por medio de la venganza sino por la aplicación de la ley que prevé la sanción de un delito”.
Entonces, agregó, “un reto del nuevo gobierno será la erradicación de la corrupción del poder judicial, la capacitación de su personal para hacer expedita la justicia, las reformas necesarias al marco jurídico a fin de que nadie quede impune, es preciso borrar esa imagen deplorable de que la ley, lejos de sancionar al delincuente lo protege, y mas bien se ensaña con los pobres que han cometido delitos menores pero no tienen recursos para pagar a quien los defienda de forma adecuada”.
Finalmente resaltó que alcanzar la reconciliación implica la verdad, saber qué ha pasado, saber quién es el culpable; que el culpable pida perdón y pague por su delito para que entonces venga el perdón, el perdón que no es lo mismo que el olvido”.
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