El neoindigente de que hablo, en cambio, está en el extremo más despojado y expuesto de la cadena alimenticia.
A quienes viven de la recolección de desperdicios, la jerga adoptada por el socialismo del siglo XXI llama “excluidos extremos”.
Con el neoindigente del “proceso bolivariano” no valen moralinas del tipo “¡respétese, hombre: busque trabajo!”.
Las ciudades de Venezuela se han llenado de indigentes que prefieren hurgar en las bolsas de desperdicios a hacer fila inútilmente en procura de comida.
¿No existe correlación demostrable entre pobreza extrema e indigencia masiva, realenga y callejera?
Fuente original: Neoindigente y revolución basura | Internacional | EL PAÍS
