Obispos de México a gobernantes y grupos armados: “La paz no se construye con armas ni con discursos vacíos”
Jaime Guerrero
16 DE ABRIL, 2026 | CUAUTITLÁN IZCALLI
Diagnóstico de la CEM: Factores de Crisis Institucional
«La lenta erosión de las instituciones y el paulatino derrumbe del orden mundial.»
«Estas palabras interpelan a gobernantes y ciudadanos, a grupos armados y a todos los que tienen en sus manos decisiones que afectan la vida de las personas»: Protocolo No. 168/26.
Al cierre de su 120 Asamblea Plenaria, los obispos de México lanzaron una advertencia simultánea: la paz requiere una transformación profunda del tejido social, no operativos militares aislados ni declaraciones de escritorio.
El documento, firmado por monseñor Ramón Castro Castro y monseñor Héctor M. Pérez Villarreal, retoma la postura del Papa León XIV en Argel, aplicándola a la realidad nacional marcada por el recrudecimiento de la violencia tras la caída de liderazgos del Cártel Jalisco Nueva Generación en el Bajío.
“Callar ante la inseguridad es traicionar el evangelio. Un país que normaliza la muerte pierde vida; la violencia corrompe la esperanza”.
La Iglesia reveló que ha pasado del diagnóstico a la acción técnica, fungiendo como mediadores entre colectivos de madres de víctimas de desaparición y la Secretaría de Gobernación, buscando tender puentes de reconciliación en un contexto de guerra institucionalizada.
Ficha Técnica
Protocolo
No. 168/26
Firma Principal
Ramón Castro Castro (Obispo de Cuernavaca)
Invitación Papal
Horizonte 2031
«Construir una historia cuyos frutos gocen las futuras generaciones.»
Horizonte de Esperanza: 2031
Ante la invitación formulada por la presidenta Sheinbaum, el Episcopado vislumbra la visita de León XIV para el año 2031. Esta fecha no es azarosa: marcará los 500 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, «Reina de la Paz». Los obispos ven en este acontecimiento una oportunidad para que México aprenda a «tender puentes» desde la justicia y la misericordia.
Visor AMI: El Peso Político de la Iglesia
Es crucial que la ciudadanía entienda que los obispos no solo emiten «opiniones». Al usar un documento oficial con protocolo, están sentando una posición jurídica y diplomática. Su interpelación a «grupos armados» reconoce implícitamente un poder fáctico que el Estado a menudo omite nombrar, posicionando a la Iglesia como el único actor con capacidad de diálogo en territorios controlados por el crimen organizado.
