El problema no es ya solo tener Gobierno, sino cumplir o no con la obligación de la verdad.
Hace falta afirmarse de nuevo en la obligación de la verdad, en el derecho de la verdad”.
No alcanzar un acuerdo sobre quién debe gobernar no es la causa de la enfermedad, sino tan solo uno de sus síntomas más mordicantes.
El paupérrimo equipaje ideológico de nuestros partidos solo les sirve a sus élites para disfrazar con un aura de respetabilidad su ansia de poder.
Por supuesto, ese deseo de la verdad no asegura su éxito en quien lo alega.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/04/06/opinion/1459940340_232280.html
