Como las salas donde se exhibe una muestra de los regalos recibidos por los últimos pontífices.
Igual que el enorme sombrero de charro que en 1979 le aplastó en su cabeza la líderesa charra de los billeteros.
El protector del pederasta Marcial Maciel fue un viajero frecuente y de cada lugar visitado se trajo regalos, más los que le entregaron en Roma.
Allí se pueden ver lo mismo objetos muy bellos al lado de ejemplos de kitsch religioso.
Como el Volswagen obsequio de directivos y obreros de la filial que en Puebla tiene la empresa alemana, que los fabricó hasta 2003.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/12/opinion/a06o1cul