Los despidos, los recortes y la disminución de las prestaciones y condiciones de trabajo son una constante en Argentina, España, Francia, México y otros países.
La movilidad mundial de las inversiones ha impuesto condiciones laborales de explotación salvaje en países de la periferia y economías emergentes y ha llevado a la desarticulación o a la debilidad extrema de organizaciones sindicales históricas en los países ricos.
El derecho de huelga ha sido cercado por disposiciones legales que lo convierten en impracticable, por la dispersión internacional de las corporaciones y por la intermediación generalizada en las contrataciones.
La jornada de ocho horas, una de las máximas conquistas del movimiento laboral en el mundo, hoy resulta una mera simulación en muchas naciones en las que la caída del poder adquisitivo de los salarios obliga a millones de trabajadores a tener dos empleos.
La creación meramente cuantitativa de empleos favorece las condiciones de explotación y desamparo de los trabajadores y, si bien puede permitir la estricta subsistencia de buena parte de la población, no se traduce por sí misma en condiciones dignas de vida.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2016/05/02/editorial-primero-de-mayo-situacion-desoladora
